Periodista: @Mapache
La mano derecha de Lomelí: Javier de la Fuente y el fantasma porril de Teófilo Licona que lo persigue, UNAM
A ocho años del ataque porril en Rectoría, le dedicamos unas palabras al nuevo Secretario General de la UNAM de las que no podrá olvidarse jamás.

¿Quién es Javier de la Fuente?
Quizá no muchos no lo recuerden, pero un día después de que de la Comisión Técnica para la revisión del examen de admisión diera sus recomendaciones, se hizo eco de una noticia bastante inesperada; pues había renunciado la mano derecha del Rector, la Secretaria General de la UNAM Patricia Dávila Aranda. Lo cual contrasta con su nombramiento en noviembre de 2023, que fue anunciado con bombo y platillo, recalcando su valor como la primera mujer en ocupar ese puesto en la UNAM.
Ante la crisis del examen en línea, y tratando de controlar los daños de tan desastrosa aplicación, su salida pareció más bien un conveniente ajuste en la estructura de la Rectoría. Hueco que no tardó en llenarse con Javier de la Fuente Hernández, un personaje que de primeras no nos parece familiar.
Pero ¿quién es Javier de la Fuente y por que llama tanto la atención su nombramiento? La carrera de De la Fuente es amplia, se graduó en Odontología por la UNAM, continuó sus estudios en el extranjero en Londres y España. Es profesor de tiempo completo en la ENES León e Investigador nivel dos en el Sistema Nacional de Investigadores. Fue director de la Facultad de Odontología del 2004 al 2010, del 2011 al 2017 fue director de la ENES León, y en 2017 fue Secretario de Atención a la Comunidad Universitaria, puesto que abandonó en 2018 para regresar a Guanajuato, trabajando como Coordinador de la Unidad de Extensión de la UNAM en San Miguel de Allende. También fue integrante de la Junta de Gobierno hasta 2025.
Sin embargo, en los sitios oficiales de la universidad siempre se pasan por alto mencionar los pequeños detalles. Y es que De la Fuente había abandonado su puesto como Secretario de Atención a la Comunidad Universitaria lo abandonó tras el infame ataque porril del 3 de septiembre de 2018 en la explanada de la Torre de Rectoría. Pero para entender la relevancia de esto, primero repasemos los hechos, pues el arranque del segundo semestre del 2018 fue bastante conflictivo. Diversos planteles de educación media superior de los CCHs se encontraban protestando por las condiciones precarias de los planteles, sobre todo en CCH Azcapotzalco. Entre otras cosas denunciaban carencias de profesorado y escaso mantenimiento de las instalaciones. El 27 de Agosto el plantel entró en paro, exigiendo una mesa de dialogo con las autoridades universitarias. La entonces directora del plantel, María Guadalupe Patricia había renunciado a su cargo el 30 del mismo mes.
Ya llegado el 3 de septiembre, un contingente estudiantil conformado por cientos de estudiantes de CCH Azcapo, CCH Naucalpan y CHH Oriente, así como de algunas Prepas, se habían dirigido hacia la Rectoría para entregar un pliego con sus demandas. Pero en el mismo lugar ocurrió el ataque porril que más tarde se sabría por el entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, José Ramón Amieva, que fue un ataque premeditado y coordinado ya que cámaras del C5 captaron el autobús que transportó a los porros desde Lomas de Sotelo en Anillo Periférico (del cual deducimos que pudieron haber partido desde CCH Naucalpan donde también presencia porril).
▶VIDEO | Así fue el recorrido del autobús que transportó “porros” a #CU https://t.co/qnt5U3OClJ pic.twitter.com/CpUOfG287l
— Milenio (@Milenio) September 5, 2018
En el ataque los porros habían golpeado a los estudiantes con piedras, petardos, armas punzocortantes e incluso bombas molotov. De quienes no se nos puede ir de la mente es de Joel Meza García, en ese entonces estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras a quien le perforaron su riñón. Así como de Emilio Aguilar Sánchez, estudiante de la Prepa 6 quien recibió una apuñalada en el glúteo izquierdo. Afortunadamente ambos pudieron darse de alta del hospital. Aunque también tenemos conocimiento de una persona a la quien presuntamente le rajaron la oreja. Según el saldo oficial hubo 14 heridos, y hay que enfatizar que la mayoría eran menores de edad. Las agresiones fueron registradas en video, reportadas e incluso transmitidas en vivo por varios medios tanto alternativos como nacionales. Las indignación y la rabia se había extendido a 41 unidades académicas de la UNAM que decretaron un paro general por las siguientes 48 horas hasta la Megamarcha del #FueraPorrosDeLaUNAM el día 5 de septiembre en Ciudad Universitaria.
Tan pronto pasaron los hechos, empezaron a salir videos y testimonios que afirmaron que los elementos de “Auxilio UNAM”, nombre con el que se conoció a lo que hoy llamamos como “Seguridad UNAM”. Donde no solo las autoridades universitarias admitieron que “no pudieron contener la agresión”, sino que directamente no intentaron intervenir en el ataque. Dentro de los grupos agresores se identificaron los porros de la “32” de CCH Azcapotzalco, el “3 de Marzo” de CCH Vallejo y la FEN, la Federación de Estudiantes de CCH Naucalpan. Testimonios también afirmaron que los porros al replegarse tras su masacre, lo hicieron en dirección a los vehículos de Auxilio UNAM. La universidad, tras “condenar enérgicamente” la agresión, aseguró estar en disposición de poner todos sus recursos para castigar a los responsables, expulsando a 18 porros por orden del entonces Rector Enrique Graue.
Videos que empezaron a viralizarse lograron identificar a un hombre vestido de traje negro, el cual se observó hablando con los porros. Más tarde este hombre fue identificado como Jesús Teófilo Licona Ferro, alias “El Jefe Cobra”, quien en ese momento ocupaba el puesto de Coordinador de la extinta Dirección General de Prevención y Protección Civil (DGPPC), donde tenía bajo su poder el control de todo el personal de Auxilio UNAM y sus patrullas. Puesto que ocupó por al menos 40 años como empleado de confianza y que fue destituido tras ser evidenciado.
Como habíamos dicho, Javier de la Fuente había dejado su puesto como Secretario de Atención a la Comunidad Universitaria (SACU) tras el ataque y que tan solo pudo ostentar entre 2017 a 2018; y ¿a que no adivinan a cuál secretaría estaba adscrito Teófilo Licona y toda Auxilio UNAM? Así es, estaba adscrita a la SACU, por lo que sí, Javier de la Fuente fue, es y sigue siendo responsable de la omisión y la complicidad del “Jefe Cobra” al permitir que decenas de porros apuñalaran menores de edad aquel día.
A raíz de la masacre ocurrieron transformaciones administrativas importantes dentro de la estructura de la “seguridad universitaria”. Según el discurso oficial, la renuncia de Javier de la Fuente fue “con el fin de iniciar un proceso de restructuración del área de vigilancia de la universidad”. Y en parte fue verdad, ya que la SACU pasó de ser una secretaría más homogénea, atendiendo únicamente asuntos de desarrollo académico; y en su reemplazo para ostentar las funciones de “seguridad”, si es que podemos llamar eso seguridad, pasaron a un nuevo órgano que ya muchos conocemos: la actual Secretaría de Prevención y Apoyo a la Movilidad y Seguridad Universitaria (SPAMSU) concebida a partir del 1 de enero de 2019, a tan solo tres meses del ataque porril como parte del nuevo plan de seguridad de Rectoría.
Todos para este punto creían que Licona había desaparecido del ojo público, pero lo cierto es que siguió fungiendo como Coordinador de la nueva Dirección General de Análisis, Protección y Seguridad Universitaria, la famosa DGAPSU que controla el personal de vigilancia y las patrullas de Seguridad UNAM, la cual está sectorizada a la SPAMSU. Todos ya nos habíamos ido con la finta de que ya nunca volvería a la UNAM luego de que el propio Rector Enrique Graue ordenara su suspensión.
Tan grande es el chiste que Enrique Graue lo remató permitiendo la reintegración de Licona dentro de la SPAMSU. Si hacemos una búsqueda en el portal de Transparencia Universitaria descubriremos que, efectivamente, Teófilo Licona continuó coordinando Seguridad UNAM hasta 2021. Un cómplice de la violencia a cargo de nuestra protección, de alguien que nunca fue procesado por la justicia ni pagó por sus responsabilidades.
Por otro lado, De la Fuente volvió a la ENES en León Guanajuato, en lo que la tormenta pasaba. Tras un tiempo de bajo perfil lejos de Ciudad Universitaria, regresó a los altos cargos de la Burocracia Dorada como integrante de la Junta de Gobierno en abril de 2025, y en mayo del 26 se retiró de su cargo por edad avanzada. Pero como lo comentamos al principio de la nota, derivado de la crisis institucional causada por la aplicación del examen de admisión a licenciatura y sus anomalías estadísticas, Leonardo Lomelí le ofreció este nuevo cargo como segundo al mando de la UNAM.
Las medidas que ha tomado el rector Lomelí en torno a la controversia del examen de admisión han sido duramente criticadas en la esfera pública. Ante este momento de crisis se rodea de la vieja guardia como manifiesta la larga carrera de Javier de la Fuente. Sin embargo queda preguntarse por qué un funcionario, el cual ya renunció a la junta de gobierno por motivo de vejez, y quien anteriormente renunció a otro puesto de Rectoría en 2018 en medio de la fuerte violencia porril, era la opción mas adecuada para manejar esta crisis. Entre cuestionamientos de legitimidad del proceso y la selección de la empresa responsable del sistema que implementó el examen, la cual fue elegida por licitación directa y no por concurso. No solo eso, si no que existieron resultados anómalos desde el año pasado, ya que los exámenes del Sistema de Educación a Distancia (SUAyED) se presentaron con el mismo formato a distancia. La universidad desvía la culpa, sin tomar responsabilidad por un proceso que desde un inicio fue cuestionado por varias voces.
Los antecedentes que observamos en la universidad con personajes como de la Fuente o Licona, es que la universidad tiende a meter los problemas y las polémicas debajo del tapete, apartando a los funcionarios sin realmente cesarlos o investigarlos. Parece que la lealtad se premia con un puesto en rectoría. En este momento de crisis, asoman su nariz funcionarios que ya se han visto involucrados en momentos delicados en la institución, y no precisamente del lado del estudiantado.
Tan solo nos queda ver si esos vicios del pasado se repiten, y si la Rectoría continua manejando una institución de educación publica como un feudo personal de favores y encubrimiento.










